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Siglo XIX
Guerra de la Triple AlianzaArtículo principal: Guerra de la Triple Alianza


Las consecuencias de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) fueron funestas, costando la pérdida de dos terceras partes de todos los hombres adultos y la mayor parte del territorio. La situación creada derivó en un estancamiento económico que se prolongaría durante la siguiente mitad del siglo. A la muerte de Carlos Antonio López asume la presidencia su hijo, el general Francisco Solano López, que se enfrentó con Brasil
En la Guerra de la Triple Alianza faltó muy poco para que el Paraguay quedara exterminado totalmente. La población que superaba los 1.300.000 habitantes antes de la conflagración, quedó reducida a 200.000 habitantes de los cuales aproximadamente el 10 % eran hombres en su mayoría niños, ancianos y extranjeros.
La industria y el comercio sufrieron un duro golpe. Los templos y casas particulares fueron saqueados cargándose así los barcos brasileños y argentinos ubicados en el puerto de Asunción.
En estas condiciones las mujeres debieron empuñar el arado para poder darles de comer a sus hijos, debiendo cubrir el trabajo del hombre.
Los primeros hombres que se reintegraron a la patria de la post guerra, fueron los ex-combatientes que escaparon con vida de la contienda bélica, los que durante el conflicto permanecieron en el extranjero vinieron con los aliados perteneciendo a la Legión Paraguaya y los que estaban estudiando becados en Europa al iniciarse la guerra, no pudieron entrar al país por esta causa.
De la nación floreciente de la época de los López solo quedaron ruinas y escasos sobrevivientes. Destruida la riqueza pública y privada, desaparecidos los organismos jurídicos y culturales, reducida la población a su mínima expresión, había que hacer todo de nuevo. La inmensa desgracia paraguaya despertó la compasión mundial, pero esto no se tradujo en ningún socorro. El pueblo paraguayo quedó entregado a sus propias y decaídas fuerzas, y para peor los vencedores le abrumaron con una fabulosa deuda de guerra. La parte más dura de lo que fue resucitar a la patria, recayó sobre las mujeres; se hicieron agricultoras, comerciantes, industriales, y crearon un género de población poligámica, que permitió al Paraguay reponer rápidamente sus pérdidas demográficas. En esta nueva etapa la ocupación principal de los hombres fue la política, que absorbió gran parte de sus actividades, aunque también se dedicaron a la reconstrucción económica y reorganización cultural.
La guerra de la Triple Alianza fue costosa y sangrienta para todos los combatientes especialmente para el Paraguay que perdió más de la mitad de la población. Para 1870 El Paraguay fue una tierra de mujeres, niños e inválidos; un país sin hogar y en desesperación.

Asunción hacia 1892
El censo de
1846 es el único hecho después de la Independencia. De acuerdo con este, había 238.862 habitantes en el Paraguay.
Los pocos extranjeros que llegaron al Paraguay casi todos se casaron con paraguayas; éstos eran hombres de 20 a 40 años de edad. Debido a la guerra y a los pocos casamientos, el número de hijos naturales creció en relación a la población total. A pesar de los cambios demográficos y los grandes sacrificios de la mujer paraguaya hubo pocos cambios en su posición o status en la vida paraguaya luego de la guerra. Las campesinas conservaron su rol predominante en la agricultura.
En 1870, Paraguay es un país arruinado que ha perdido gran parte de su población, especialmente la masculina adulta. El país se ve sometido a una ocupación brasileña que dura seis años. Se promulga una nueva Constitución que estará en vigor hasta 1940.